Hace poco más de una semana terminé de ver un JDorama de reciente emisión: Last Cinderella (ラストシンデレラ).

Además de pasármelo genial viendo doramas siempre me ayudan a analizar la realidad dentro de la trama de cada uno de ellos. Os resumo un poco de qué trata Last Cinderella:

Tenemos a la eteeeeeeerna protagonista (Toyama Sakura) que, a diferencia de muchos de los típicos JDoramas, tiene 39 años. Sin embargo, no ha tenido demasiado éxito en el amor. De hecho, se reafirma muchas veces que puede que haya vuelto a la virginidad, pues lleva 10 años sin tener sexo. Una de las cosas que más me llamaron la atención de este dorama fue la soltura con la que hablaban del sexo e incluso la libertad de incluir guiños sobre relaciones homosexuales. El caso es que un día, Sakura, se levanta por la mañana y descubre que le está saliendo un pelo de estos duros y negros en la barbilla, como si fuese un hombre. Y es que, Sakura, muy femenina y recatada no es. Todo lo contrario a sus dos mejores amigas: Takenouchi Miki, la dulce y modosita ama de casa y Hasegawa Shima, una mujer «devorahombres» divorciada y sexy.

Paradójicamente, Sakura trabaja como subdirectora en un salón de belleza que acaba regentando un antiguo amigo, Tachibana Rintaro, con el que tiene una relación «amor-odio». La monótona vida de Sakura cambia cuando decide ir con sus amigas a un Go-kon (una especie de fiesta de solteros que se realiza con motivo de encontrar pareja) y conoce a Hiroto, un joven guapísimo de 24 años que, en teoría, cae prendado de ella.

Tenemos una historia calentita, con personajes de lo más dispares que se relacionan entre sí junto a secundarios que, la verdad, son igualmente carismáticos. Y, por supuesto, la búsqueda del amor es la espesa niebla que cubre a todos los protagonistas: encontrar la felicidad, el amor verdadero, ser sinceros con los sentimientos, etc.

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Todo parte de una confesión (o no) de amor

Esto último que he escrito es un tópico que se repite una y otra vez dentro de los doramas asiáticos y es el resultado, mismamente, de la importancia que tienen ciertos aspectos de la realidad para ellos.

De lo que he podido aprender en mi experiencia como escritora de ficción (la cual deseo retomar algún día) es que la ficción no es posible si no insertas elementos de la realidad que estás representando. Vale, suena retorcido, pero ahora os explico.

Os pongo un ejemplo con Last Cinderella (esto pasa básicamente en el primer o segundo capítulo así que tampoco se trata de un spoiler en sí). Antes de empezar a salir, Hiroto le hace una 告白 (kokuhaku) o confesión a Sakura. Básicamente, lo que viene a decir es: «好きです。付き合ってください» (Sukidesu. Tsukiattekudasai – Me gustas, ¿podemos empezar a vernos o quedar juntos?). Puede parecer que tengan 15 años, que es lo que solíamos hacer nosotros cuando nos gustaba alguien en nuestros años mozos. Pero, en Japón, esto ocurre tengas la edad que tengas. Ese elemento de realidad es lo que hace introducirte, de lleno, en ese mundo algo surrealista donde el amor es el máximo exponente.

A diferencia de Occidente, decir que quieres o te gusta alguien viene después de no se cuantos polvos y de estar tonteando en cualquier sitio en el que se coincida (eso, si al final alguien se decide a decirlo). Si en España u Occidente nos ponen una escena de confesión como la de Hiroto ambientada en la actualidad, diremos: «¡Venga ya! No te lo crees ni tú». Evidentemente, también depende de la predisposición que tenga el espectador. Pero es más fácil que se introduzca más en una trama si el contexto, el lugar y el guión tienen algo de real, algo que conecta, totalmente, con la vida a la que está acostumbrado.

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Es el caso de las series o doramas coreanos o japoneses no me chirría, en absoluto, estas exageraciones. Y si esas exageraciones no están, entonces, dejaré de sentirme conectada a los personajes y a los sentimientos que, tanto, tanto, les está costando expresar.

Aunque yo he elegido el amor como elemento principal para analizar diferencias entre series de ficción occidentales y orientales, cualquier otro elemento puede ayudarte a identificar por qué una serie funciona o no, te engancha o no. Cierto es que tus preferencias respecto al género de la serie es primordial, pero sin esos elementos que conectan con tu realidad no hay guión, actores famosos o efectos especiales que valgan.

También es cierto que, el amor, es uno de los sentimientos o realidades etéreas que más se utilizan en la ficción, la publicidad o el Marketing en general para ganar generar leads, para conquista a los yonkis del amor o simplemente engatusarnos con el poder de un sentimiento difícil de entender. Sobre todo en una sociedad donde las confesiones no son tan fáciles de llevar a cabo.

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Con «El amor para los japoneses en las series de ficción» me gustaría iniciar una serie de artículos que dedicaré a la visión del amor para los japoneses. Por supuesto, teniendo en cuenta su utilización como estrategia de Marketing o Publicidad.

Para terminar os dejo con un artículo súper completo que realizó @japonismo sobre este Jdorama. Yo, por mi parte, os recomiendo que lo veáis y opinéis sobre el amor 😉