Los que estáis cerca de los 30 como yo o los que lo sobrepasáis por poquito, ¿qué pensáis del matrimonio?

De pequeñas (culpa de Disney o no) nos vendían la moto de «es que será el día más especial de tu vida» sumando el vestido y zapatos de princesita para terminar de endulzar el pastel.

Lo que no te cuentan es todo el trasfondo legal (y coñazo), la pasta gansa que tienes que dejarte, lo de la separación de bienes y, sobre todo, el nivel de moralidad que debes alcanzar para darte cuenta de que estás casado. Porque sí, supongo que la cosa cambia. Será eso del «para siempre».

Además de que, últimamente, yo también tengo mis dudas sobre el matrimonio este artículo viene a raíz de un dorama japonés muy reciente que trata este tema: Saikou no Rikon (最高の離婚). En inglés lo han traducido como «The Great Divorce».

IMPORTANTE: Antes de que sigáis leyendo, puede que haga algunos pequeños Spoiler de la serie. Si, por lo que sea, leéis algo indebido, os pido disculpas de antemano.

 

EL GRAN DIVORCIO

Todavía voy por el capítulo 7, pero desde el primero ya sabes hacia dónde van los tiros. Y no digo que sea una serie mala, al revés, es una comedia romántica bastante entretenida y con unos actorazos (dentro del panorama de doramas japoneses, claro). Me refiero que, desde el capítulo 1, ya estás sufriendo en tus carnes cómo el sentimiento de culpabilidad a la vez que el de libertad se disputan todo a una carta cuando se trata de divorcio.

Os resumo brevemente la trama:

Mitsuo es el «típico tópico monótono» de persona que tiene un trabajo que no le gusta, pero le da de comer. Además de tener una vida aburrida todo tiene que estar y pasar como siempre lo ha hecho, sin cambios, el típico maniático de la perfección. Sin embargo, su mujer, Yuka, es una chica despistada, patosa y pasota que va dejando todo por el medio y con quien no para de discutir. Por otro lado tenemos a la otra pareja casada cuya mujer, Akari, ex novia de Mitsuo, sufre en silencio los engaños amoroso de su marido Ryo.

Vale, ¿qué tienen en común estos 4 personajes? Rondan la treintena, hace apenas dos años que están casados y cada una de las partes es de pueblo y la otra de Tokio. Y, por supuesto, hablamos del año 2013 en Japón.

El marketing matrimonial es tan bestia en el país nipón como podría ser el fenómeno San Valentín. La boda occidental del vestido de novia blanco, la espera en el altar de todos los invitados y el novio y hasta el «sí, quiero» es algo que vende y, mucho. Levantas una piedra y te salen 5 tiendas especializadas en bodas y 80 tipos de pasteles.

Sin embargo, después de eso la mentalidad japonesa sigue haciendo mella. Estás casado y, por tanto, ya formas parte de otro rango de la sociedad japonesa. ¿Pero qué pasa cuando te divorcias?

En Occidente los divorcios parecen estar de moda. Una persona divorciada no está tan mal vista. Bueno, se ha casado, joven o no, no ha funcionado y han tenido que llegar al divorcio. No hay más.

En Japón, la cosa todavía pende de un hilo. Los cuatro protagonistas nos demuestran, capítulo a capítulo, los conflictos personales y sentimentales que sufren cuando tienen que hacer frente a una separación legal. Mitsuo y Yuka tienen claro en el capítulo 1 que tienen que divorciarse porque no pegan ni con cola. No obstante, a medida que pasan los capítulos vemos como una decisión tan «moderna» está provocando daños colaterales. Tenemos el ejemplo de la abuela de Mitsuo, encariñadísima con su «nuera», que no va a permitir que esto suceda (pero de buen rollo, ¿eh?).

Y Akari es la pobre chica de pueblo que quiere ser tokiota, una japonesa moderna, del siglo XXI. No quiere ser la mítica celosa dramática de telenovela. Por eso hará ver que su matrimonio va viento en popa y que ama a su marido por encima de todas las cosas. No le sirve de nada mentir, ya que nos vamos dando cuenta que lo que siente es odio hacia ella misma por no demostrar sus sentimientos, por no parecerse a la «ridícula» de su madre que pasó por su misma situación. Pero eran otros tiempos y ella, ahora, vive en Tokio y es una mujer independiente.

¿Y qué pasa con ellos? Aunque sentimentalmente lo pasan mal su situación frente a la sociedad es distinta, es algo que no les preocupa. Por eso Mitsuo es el que decide divorciarse y Ryo engañar a su mujer sin molestarse en evitar ser descubierto.

En resumen, el Marketing en torno al matrimonio funciona de puertas hacia fuera. Muchos nos emocionamos con una boda. Las chicas pierden el norte buscando el vestido perfecto. ¡Y los preparativos! Por supuesto, listas y listas de cosas por hacer. Un patrón que responde perfectamente a la demanda de un público impaciente por hacer este día el más importante de su vida. Si ya lo decía mamá…

Los japoneses han tomado de Occidente todo este «estrés» pre y post boda mientras que todavía andan confusos sobre cómo han de comportarse frente a una separación legal, de cara al público. Y más cuando tienes 30 años y todavía no sabes qué hacer. Si te divorcias ya es demasiado tarde para encontrar una pareja, tener hijos y ser uno más. Pero si continúas estás poniendo a prueba tu propia felicidad.

En Occidente estamos construyendo un fenómeno kitsch frente al divorcio. El divorcio, como pasa con las bodas, se acabará convirtiendo en objeto de Marketing donde divorciarse «molará». Se harán tartas de divorcio, se reunirá a los invitados y a todos los ex posibles para montar la fiesta padre. Y fijo que esto ya pasa en alguna zona pija de Nueva York.

Quizá nosotros podamos soportar este circo de falsedades pero en culturas que, por mucho que se esfuercen, les cuesta avanzar hacia una nueva forma de expresar los sentimientos, el espectáculo todavía no puede continuar.

¿Y vosotros qué pensáis? ¿Es mejor hacer de esto una pantomima o bien seguir manteniendo las formas ante la tradición?