Ghost in the Shell: el alma de un futuro posible

Hoy, más que hablaros de marketing en sí, quiero ponerme un poco filosófica y divagar sobre lo que nos depara el futuro. Como muchos sabréis ya por mi bio, nací en el 87 y la película de Ghost in the Shell de 1995 me pilló en plena pubertad. Cierto es que no la vi nada más salir, pero me picaba la curiosidad ese ambiente cyberpunk por el cual empezaba a pillarme en secreto hasta que mi estética comenzó a cambiar, pasando de la niña de cole que lleva lo que todos a marcar un estilo gótico y punkarra que siempre sigue en mi corazón, ahora con menos pálpito, pero siempre presente.

Bueno, a lo que vamos, que tampoco me quiero enrollar y prefiero ir al grano. Ayer vi en el cine Ghost in the Shell: el alma de la máquina, una película que surge de la adaptación del manga homónimo creado por Masamune Shirow. Los que conocen bien su trayectoria y, concretamente, la de Makoto Kusanagi, saben que, tras el lanzamiento del manga en 1989,vinieron más, incluyendo la película lanzada en 1995 y varias secuelas y series de televisión.

 

Hacia ya tiempo que se buscaba una versión con imagen real y, por fin, ha salido a la luz lo que a mi parecer es una buena adaptación hecha para todo tipo de personas, para los que aman sus orígenes, como para los que no sabían nada de ella y puedan deleitarse visualmente de una ambientación cyberpunk que lo petó mucho en los 90.

El argumento no tiene nada de novedoso en pleno siglo XXI pero consigue atraparte de principio a fin por los efectos visuales y lo bien tratada que está la fotografía y una banda sonora que se nota que proviene de las manos de Clint Mansell y Lome Balfe. Yo de Mansell caí profundamente enamorada con la BSO de Moon (película que, por supuesto, os recomiendo encarecidamente), así que imaginaos la ambientación tan conseguida. Su director es Ruper Sanders, el cual se hizo famoso más por su idilio con Kristen Stewart (sí, Bella de Crepúsculo que ha hecho más películas) que por la película donde era protagonista como es “Blancanieves y la leyenda del cazador”.

En resumen: Major es un híbrido entre cyborg y humano que dirige un grupo operativo llamado Sección 9 que consiste en detener el ciberterrorismo. Hanka Robotic fue quién la creó y parece que todos los ataques terroristas van contra ellos. ¿Por qué? La película se basa en la búsqueda de la verdadera identidad de Major, cuyo cuerpo es sintético y cibernético, pero su cerebro y alma sigue siendo humana.

 

¿El futuro?

Quizá es porque me atrae muchísimo la ciencia ficción apocalíptica, basada en ideas futuristas que nos ponen en bandeja la crudeza del ser humano con la propia Humanidad. Sin embargo, a veces me inclino más por un devenir bastante incierto donde estamos destinados a destruirnos. Puede ser de muchas maneras, pero lo que narra la historia en sí originada en la mente de Shirow no tiene por qué ser incierta y, mucho menos, irreal. Está claro que cada vez son más los robots y máquinas que realizan grandes funciones y que se usan como armas. Isaac Asimov ya adelantó una serie de leyes para que esa parte humana no llegase a un cuerpo casi indestructible, para poder evitar los peligros que equivaldría un cuerpo que no puede morir, que no siente el dolor, con la pasión y los sentimientos del alma humana. Queremos o no, está en nuestra genética la supervivencia, usar la violencia si es necesario.

El cyberpunk nos traslada a un mundo artificial donde apenas quedan ápices de humanidad. En la película en concreto se puede observar un Japón megaedificado, cargado de hologramas de publicidad, luces de neón y colores por todas partes que intentan tapar un cielo gris donde ya no brilla el Sol, donde ya no se diferencia el día de la noche, ya no se descansa ni se vive.

Da realmente miedo porque avanzamos hacia ello. La comodidad de poder ser bello y joven siempre, de “evolucionar” con órganos mecánicos que realicen la función de los organismos vivos, de proclamar el avance de la máquina antes que la propia humanidad y, por tanto, el peligro de perder valores y aspectos tan nuestros como son la compasión o el propio amor. Se ve como existen personas totalmente mutadas que ya no experimentan empatía por nada. Major lucha con eso, con un cuerpo que no siente absolutamente nada pero cuya mente actúa como ese corazón que no existe, pero que late en el alma.

A lo mejor no aporta nada nuevo a la serie manga original, ni tampoco a las películas o al anime. Sin embargo, yo la vi ayer con ojos que miran al futuro, con un corazón totalmente abierto a las sensaciones que podría provocar un cambio así. Aunque el mundo de Shirow habla de que todo esto ocurría en el año 2029 no creo que lleguemos a ese punto en apenas unos 12 años pero, ¿quién sabe? Quizá tampoco queden demasiados años si no le ponemos remedio. Estoy a favor de los avances pero en contra de perder lo bonito del alma humana.

¿Realmente perderemos la humanidad que nos queda? ¿Realmente desaparecerá la compasión, el amor y la empatía? ¿Qué pensáis?

 

 

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