¡Ay! Las idols. Una palabra que viaja por oídos y corazones de los fans de Asia oriental. Un idol es algo más que un cantante, un modelo o un actor, es un Dios.

No soy muy fan de las idols aunque reconozco que me encanta escuchar algunos de sus hits. Siempre encuentras una canción pegadiza, un ritmo que encaja perfectamente con tu estado de ánimo y, ¡ah! Son tan guapas y guapos.

Centrémonos ahora en Japón ya que, entre Corea del Sur y Japón se llevan la palma dentro del séquito principal y banco de idols más grande del continente asiático. Dentro de Japón hay unas cuantas idols que han durado más de lo que se esperaba. Todo se debe a su carisma y el saber adelantarse al futuro.

Algunas de ellas son Utada Hikaru, Ayumi Hamasaki, Koda Kumi y la protagonista de este artículo: Namie Amuro (安室奈美恵).

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De entre todas las cantantes niponas para mí Amuro tiene algo especial. Empezando porque me parece la más guapa de entre todas ellas. Quizá sea su ascendencia italiana (su madre era medio italiana y medio japonesa) o bien el clima de Okinawa (de donde es originaria), pero su carisma siempre me ha cautivado.

Namie Amuro es, a la vez, uno de los mejores y peores ejemplos para explicar el fenómeno fan en Japón. Uno de los mejores porque sigue cautivando a las masas saque lo que saque, es protagonista e imagen de firmas de moda en numerosas ocasiones y cada día es capaz de verse más joven que cuando empezó (actualmente tiene 36 años). De los peores porque, aunque fue descubierta y explotada hasta alcanzar la fama en todo el archipiélago como sus contemporáneas, ha sabido separar vida profesional y vida personal, alejándose de esa fábrica de idols que abundan cada vez más en Asia Oriental.

Digamos que ha dejado ser un «producto» para ser una profesional en su área. Y por ello se ha ganado el título de «La Reina del J-Pop». Cosa que no es poca, ya que Japón es un país donde, cada día, se pueden sacar 20 nuevos idols de debajo de una piedra.

En el año 2012 se cumplieron 20 años de toda su carrera. En la página oficial de Facebook de Namie Amuro se publicó un pequeño repaso de su carrera, de sus inicios hasta 2012, que se hicieron en diferentes idiomas. Os dejo con el español:

Por supuesto, Namie no para y sigue cosechando éxitos. Uno de los motivos principales por los que me animé a hablar de Amuro fue uno de sus últimos singles que lanzó con motivo de su colaboración con la revista Vogue y la archiconocidísima firma GUCCI. La imagen de una Amuro holográfica, futurista y, como siempre, seductora, volvió a cautiva mis sentidos:

El montaje es una auténtica pasada según mi opinión y ha captado la atención de muchos, incluso más allá del continente asiático.

No voy a hablaros de la vida y éxitos de Amuro, ya que para eso tenéis mucha información en la Wikipedia y en otros sitios dedicados a la artista, pero sí quería ofreceros mi punto de vista hacia un mundo que acoge su mayor apogeo en países como Japón o Corea del sur a través de ella.

Aunque el fenómeno idol exagerado, abrupto, en cantidades industriales y, a veces, cansino que se produce en Asia Oriental pueda parecer falso y que no durará más de dos telediarios, es algo que hay que valorar muy positivamente. Y no me refiero sólo al marketing, el cual genera numerosos beneficios para discográficas, productoras y diferentes firmas, sino al apogeo cultural. No soy nada partidaria del fenómeno fan, de los que lloran por ver a un personaje público y mucho menos eso de ponerlos por encima de otros aspectos más importantes en la vida. Sin embargo, de estos intentos de sobeexplotación de talentos nacen artistas como el ejemplo de Namie Amuro, se crean nuevas vertientes, se evoluciona y se descubren nuevos nichos.

Todavía se están transformando estas fábricas de nuevas estrellas y tenemos mucho que filtrar hasta encontrar verdaderos diamantes en bruto en cualquier estilo musical y, en definitiva, en cualquier vena artística.

Para finalizar me gustaría saber: ¿cuál es vuestro idol o idols japoneses favoritos?

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