No sé si os habéis fijado pero, en la mayoría de los programas de la televisión japonesa, nos encontramos:

  • Las imágenes de televisión en sí
  • Rótulos que te indican lo que estás viendo o datos de interés
  • Efectos de sonidos varios
  • Voz en off
  • Careto de la persona que está viendo las imágenes (aunque esto no pasa en todos los programas)

La televisión japonesa se caracteriza por el barroquismo de los elementos que componen toda la escaleta de un programa. Rótulos a punta pala, música de ambiente, efectos de sonido e imagen y, por supuesto, risas enlatadas.

¿Para qué sirve todo este conglomerado de elementos sonoros y visuales dentro de un mismo sitio? Básicamente, para que te enteres bien de qué está pasando.

Analicemos este vídeo:

(Por cierto, de Yumeki tengo pendiente hablar… y ojito con la cara de Takeshi Kitano xD)

Cuando un japonés ve este programa le tiene que quedar bien clarito qué es lo que está viendo y cuál es su objetivo. Si por las imágenes y la voz en off no pillas que se trata de una «discográfica» mexicana que patrocina ídols originarias de este país, no te preocupes, que para eso tienes los miles de millones de rótulos que van apareciendo a medida que el vídeo va corriendo.

Si se trata de estos típicos programas eteeeernos rollo «Espejo Público» donde hay unos presentadores y unos invitados que se prestan a comentar los contenidos de la escaleta no dudéis en que, su careto va aparecer mientras tú, en tu casa (y ellos en plató), lo estáis viendo. Digamos que intentan conexionar ambos espacios en un entorno de «directo». Pero yo creo que no es así, te están enseñando cómo debes reaccionar ante las imágenes que estás viendo.

No es que los japoneses sean un poco nazis, es que, para ellos, debes comportarte y reaccionar como lo haría la sociedad. Está escrito así. El individuo no tiene mente crítica, es el conjunto de una sociedad el que lo tiene y, por ello, ha de actuar parecido, sin conflictos. Puede parecer que exagero, pero la televisión, un elemento tan asociativo y ligado al entorno familiar en el país nipón, es el nexo de unión entre el emisor y el receptor.

Antes de empezar este artículo había querido resaltar el hecho de que, Occidente, muestra todo lo contrario en su televisión. Pero nada de eso. Estamos tomando esta tendencia nipona de «obligar» al espectador a reaccionar y entender lo que nosotros queremos, sin necesidad de opinar, ni que se moleste en criticar algo, ¡habráse visto!

¿Ejemplos? Por desgracia hay muchos. Sólo hay que mirar la parrilla de Telecinco & CIA…

Y con esto no quiero decir que no me guste ver la televisión japonesa. Me divierte y mucho. Me encanta ese superpuesto de rótulos, formas y colores. Lo veo como puro entretenimiento y, sinceramente, aunque se traten de noticias serias, con todo este conjunto de elementos desordenados, no logro darle la seriedad que se merece. Y no es culpa mía, no. Es que así nos hemos culturizado audiovisualmente con nuestra televisión.

Antes de cerrar este artículo sí que me gustaría hacer hincapié en la vía de escape tan latente y, por desgracia, poco conocida de los japoneses en el terreno audiovisual: el cine. El cine japonés típico es todo lo contrario a lo que muestra la televisión y los Doramas o series de televisión de imagen real. El cine patrio, así como la mayoría de su literatura, el barroquismo, el roccocó de elementos, reiteraciones, sonidos y el «erre que erre» constante desaparece. Todo queda en el aire, todo queda en las expresiones de los actores, en el ambiente, en el mensaje del silencio, de los planos y del cosquilleo agradable que el cine cala en los corazones de los que creemos en las historias.

PD: He de agradecer este post a Toni T. Morro, que me dio la idea de escribir este artículo sobre este tema en concreto. ¡Gracias!