Terrace House: la mejor versión de “Gran Hermano”

¡Ostraaaaaaaas! Casi 3 años sin aparecer por aquí, pero tenía tantas ganas… 😀

El tiempo es de 24 horas para todos, pero las cosas dieron un vuelco y no encontré nunca el momento perfecto para volver con vosotros y hablaros de una de mis pasiones de siempre: Japón.

Hace ya meses que Netflix lanzó en su parrilla el reality “Terrace House“. De hecho, no solo tiene la versión de “Boys & Girls in the City”, que es sobre la que voy a hablar ahora, sino que hace poco se lanzó otra edición que está ambientada en Hawai, de la cual hablaré más adelante en cuanto acabe (¡que por ahora es súper diferente!). Seguramente sea por el lugar en el que está situado y que, al final, el humano se hace siempre al ecosistema y hay más “hafu” que en la edición que tenemos ahora en bandeja.

Yo aquí os voy a hablar de mi visión, de mi contrapunto con lo que se hace en Occidente y de lo que me ha transmitido su visionado por lo que, si queréis ampliar algo más de manera más técnica o en profundidad tenéis este excelente artículo creado por Japonismo.

 

La “realidad” vista a través de la juventud japonesa

Lo primero que te viene a la cabeza cuando miras la descripción de la serie completa es que se trata de un “Gran Hermano” japonés, pero nada de eso. Sí es cierto que tiene particularidades como que estamos dentro de una casa donde conviven, en este caso, 3 chicos y 3 chicas y que la idea está en ver cómo se relacionan, qué sucede entre ellos. Pero desde la realización del programa, a que no sea en directo y hasta la libertad que poseen todos y cada uno de ellos, cambia por completo el formato que tanto conocemos o que tanto relacionamos, concretamente, con el circo que se monta en la versión española del “Big Brother”.

Estas 6 personas viven en una estupenda casa que pone la dirección del programa, junto a un par de coches que pueden utilizar. No hacen nada más. No hay guiones. Y lo dejan clarísimo nada más empezar cada capítulo. Sus vidas continúan, siguen trabajando, yendo a clase, ganándose la vida para llenar la nevera y nada les impide ver a sus amigos o familiares, ni usar las tecnologías. De hecho, ¡pueden ver hasta los capítulos anteriores del propio programa!

Cierto que algunos de ellos vienen de lejos porque, el programa y, en concreto, la casa, está ubicada en Tokio, pero hay escenas en las que se van de vacaciones, en las que tienen viajes de trabajo o van a sus pueblos natales para relajarse y descansar. A veces podemos ver cómo hablan con sus padres o amigos e, incluso, con sus jefes en la vida real.

Entonces, ¿dónde está la miga? En la convivencia, en la retransmisión de la pura juventud japonesa en todo su esplendor. Todos ellos tienen en común que son jóvenes de 18 a 30 años. De hecho, el más mayor de esta edición contaba con 28 años. Muchos de ellos, como pasa con los “realities”, dicen claramente que quieren convertirse en artistas y, seguro, utilizan este programa como un lanzamiento de sus carreras, cosa que no veo nada mal.

 

Las diferencias frente a Occidente

Lo que más me gustó experimentar es que, aunque se sabe que muchas cosas pueden estar preparadas porque, no olvidemos, que esto es televisión y lo que se quiere conseguir es audiencia, es que puedes reconocer la vida social japonesa de los jóvenes desde el primer capítulo. No esperéis ver besos, abrazos, arrumacos, pasiones desenfrenadas y, mucho menos, sexo. De hecho, hasta ver un beso cuesta de conseguir entre ellos porque es lo que suele ocurrir en el día a día en Japón, en las calles tokiotas. No quiere decir que no sean expresivos y pasionales, pero no lo muestran delante de las cámaras como tampoco lo hacen en público.

Sin embargo, te llena y te reconforta ver sus caras, ver sus expresiones, ver sus comportamientos y cómo hablan claramente de algunos temas sin tapujos, poniendo en conocimiento a todo el grupo sus disconformidades sobre la relación en la convivencia, sobre el futuro de cada una de sus profesiones e, incluso, del amor mismo. Se te hace duro ver cómo, por ejemplo, las chicas y chicos que les gusta una misma persona dentro de la casa no compiten, simplemente son claros con sus intenciones. Frenan esa parte de sus “celos” para no provocar un conflicto, al menos delante del grupo o de las cámaras.

Te das cuenta de que, a pesar de ser reservados, prefieren hablar las cosas por el bien de la convivencia en la casa. Aquí se cumple uno de los mecanismos sociales que hacen de Japón un país pacífico y poco conflictivo. Se busca el bien del grupo, la estabilidad e impiden que cualquier mal rollo sea el causante de un conflicto que no se ha hablado previamente.

 

Y si no hay sexo, mal rollo ni discusiones… ¿por qué te atrapa?

Por lo cuidada que está la realización. Es una de las claves. Básicamente se nutre de capítulos de unos 30 minutos donde se cuenta un resumen en imágenes de la semana anterior. No solo vemos escenas de los chicos y de las chicas de la casa, sino que se van intercalando con imágenes de los comentaristas y presentadores que están viendo, en el mismo momento, las imágenes que el espectador ve en casa. Es curioso porque se empatiza con ellos, con sus comentarios divertidos aunque, a veces, algo duros, que no discrepan nada sobre lo que haríamos nosotros con nuestros amigos o familiares en el sillón de casa mientras vemos lo que ocurre en la tele.

 

La evolución de los chicos y de las chicas es impresionante. Ves lo duro que es seguir el camino que has elegido tanto personal como profesionalmente, cómo se esfuerzan por llegar a ser lo que siempre han soñado, cómo se representa lo crudo que es labrarse la profesión y hasta lo difícil que es establecer relaciones sociales, no solo en Japón, sino en el mundo actual. Hay espacio para las cosas banales, pero el programa rescata los momentos en los que se habla de sus futuros, de los duros trabajos que realizan, de cómo se ayudan unos a otros y que, a pesar de los momentos más tensos, se realza una amistad que se puede comprobar en las redes sociales de los chicos y de las chicas que han pasado por la casa.

Yo recomiendo encarecidamente su visionado, sobre todo si te gusta Japón, porque es una manera cercana y entretenida de conocer cómo se comportan, cómo es la vida en Tokio de unos jóvenes que, como pasa con el resto de nosotros, intentan labrarse un futuro mientras la vida les brinda la oportunidad de conocer a personas en su camino de las que aprender y con las que mantener una amistad para toda la vida.

Os dejo con el opening de la serie de los primeros capítulos. La canción es pegadiza: ¡ojo!

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