¿Va usted al Monte Fuji? Son 1000 yenes

Cuando era pequeña mis padres tenían por costumbre llevarnos a mi hermana pequeña y a mí a una preciosa calita almeriense llamada El Mónsul. Apenas unos metros de playa componían una preciosa orilla de arena de desierto que bajaba desde Tabernas hasta el mar. Hasta su belleza fue reconocida y apareció en muchas películas como la famosísima Indiana Jones y la Última Cruzada.

A pesar de su estrechez no solía haber demasiada gente. Mi familia y yo íbamos cargados con la paila para hacer la paella y una hermosa sandía verde esmeralda que enterrábamos en la orilla para que estuviese fresquita (junto a las cervezas).

Pasábamos todo el día en la playa. Ninguno se aburría.

Eran las mejores vacaciones sin tan siquiera salir de mi provincia natal.

Hace tres años quise llevar a dos amigos de Barcelona a visitar esta preciosa cala que tan buenos recuerdos me traía. Pero ya no me mira con los mismos ojos. Está ocupada con muchos otros visitantes, provenientes de todas las partes del mundo que transforman la tranquilidad en un negocio. Porque sí, si se quería acceder a la playa se tenían que pagar 5 euros.

Perdonad esta parrafada que, evidentemente, nada tiene que ver con Japón. Sólo quería poneros en situación de la reciente noticia de tener que pagar por acceder al Monte Fuji. Un paraíso donde muchos nipones han pasado su infancia, subiendo, compartiendo y descubriendo la maravillas que esconde este volcán. Y seguramente con su familia, amigos o quizá ese primer amor con quien vivir una experiencia única.

A partir del 25 de julio de este año y con motivo de su reciente designación como Patrimonio Mundial de la UNESCO cualquiera que quiera visitar el monte «sagrado» ha de pagar una tarifa de entrada de 1000 yenes (cerca de 8 euros).

Al leer esta noticia lo primero que he pensado ha sido: «¡Menudo cachondeo! Si seguimos así vamos a tener que pagar hasta por respirar». Pero luego he recapacitado y me he imaginado a decenas de miles de turistas que suben el volcán cada año dejando tras su paso suciedad y desperfectos. Porque seamos sinceros, no tenemos ni el más mínimo cuidado con las cosas porque en fin, como son gratis…

Aún así es una verdadera pena tener que pagar por ver las maravillas de la naturaleza, hacer que esto sea un negocio cuando es algo con lo que convivimos y a lo que pertenecemos. El «negocio de la naturaleza» lo llamo yo. Porque vale que haya que mantener maravillas como La Alhambra o el Taj Mahal, estructuras que nada tienen que ver con una playa hecha, siglo a siglo, por la erosión del mar y el viento ni con un volcán que todavía está activo y que depende de la suerte y de la tierra.

Llegará un día en el que no podamos disfrutar del mundo porque se ha consumido en veneno. Veneno al que llamamos codicia, poca vergüenza y avaricia.

No estoy de acuerdo en tener que cobrar entrada para subir al volcán que ha simbolizado Japón desde hace ya 500 años, al igual que me pone triste que el turismo excesivo se esté llevando parte de nuestros recuerdos. Un mar de contradicciones porque, al mismo tiempo, todo el mundo tiene derecho a visitar cualquier rincón de la naturaleza.

¿Y vosotros? ¿Qué opináis sobre este tipo de «negocio de la naturaleza»? ¿Qué os parece que ahora haya que pagar para ir al Monte Fuji?

 

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